viernes, 16 de octubre de 2020

Instrucciones para no pensar en ella de Jorge Vega


 

 

Dados los recurrentes episodios de insomnio, generados en gran medida por la continua aparición de su imagen inundando cada espacio del cerebro, en diferentes contextos, escenarios y posiciones; con diferentes tonos de luz y fondos musicales, se hace por completo necesario tomar medidas urgentes que mitiguen de alguna manera la ansiedad y la nostalgia que, especialmente en la noche, se apoderan sin avisar y por asalto de todos los rincones de la casa, que embarran cada sábana, que se adhieren al cuerpo como una gran serpiente que ahoga cada vez más con cada vuelta, que marchitan las manos y los ojos y te sientan en un vórtice que gira y gira ad nauseam, que te suben y bajan para luego quemarte en el ara feliz de su recuerdo. Estas medidas son aún más perentorias cuando llueve o cuando hay luna llena y los pinos recortan su figura sobre un cielo estrellado, y muy especialmente cuando se está parado frente al mar y las olas acarician los pies, y los sargazos te devuelven un perfume de profunda tibieza y melancólica dicha.

Urge entonces yacer en posición y mueble preferidos, cuidándose de no quedar tan cómodo que pueda llegar a imaginar su aroma, o el calor de sus brazos en la noche, o el rictus de su boca cuando ríe, o el color de su piel en la penumbra. En un primer intento trate de perderse en la fantasía que la tele le ofrece, aclarando que en los tiempos actuales la oferta es deleznable, en cuyo caso las consecuencias podrían ser peores. Tome pues el control con su mano derecha (o izquierda según el caso) y con el brazo extendido en la dirección del aparato pulse con el dedo pulgar el botón correspondiente. Podrá observar que éste irá emitiendo luminosos destellos a la velocidad del dedo. Deténgase en la opción que considere conveniente, cuidando de evitar las escenas de amor, de miradas furtivas o caricias, so pena de evocar atardeceres olvidados, besos bajo la lluvia, noches de vino. Especialmente evítense aquellos canales de lúbrico contenido, pues estos podrían evocar recuerdos más profundos: un paisaje lunar, un pliegue, un cabello dorado como un rayo de sol sobre la cara, un gemido, una tibia humedad, una agonía lenta y contenida, un olor que hace que usted al fin comprenda a las bestias del campo, convocando demonios bastante difíciles de apaciguar. En todo caso manténgase fuera del alcance de los mimos.

Mientras la noche avanza, especialmente si lo anterior no arroja resultados y sigue llegando hasta usted el olor de un aliento, el color de unos labios, una humedad, es aconsejable mantenerse alejado del estéreo y por nada en el mundo recurrir a Serrat o a Sabina, a Montaner o a Pablo, o a cualquier otro que pueda suscitar suspiros y pinte en su cabeza los momentos de dicha que alguna vez le hicieron pensar que el mundo era sencillo, que la noche era noche y el sueño no era esquivo y que un solo “te amo” de sus labios era lo suficiente para dormir el más afortunado de los sueños, sin ver, como esta noche, a todos los segundos escurrirse uno a uno hacia una oscuridad impenetrable. De ser posible recúrrase a Chopin y sus nocturnos o a Schubert y sus cantos, pero nunca a Fauré, de cuyos terciopelos se dice que pueden excitar la piel de tal manera que le sea imposible olvidar el albor de otra piel debajo de la cual se encuentra el paraíso, donde se hicieron agua tantas veces sus manos y sobre cuyos pliegues se durmieron tantas veces sus besos. Convénzase con Silvio de que “después que canta el hombre queda solo” y convenza a Serrat de que no siempre “es conveniente y hasta imprescindible, tener a mano una mujer desnuda”.

Y mientras el reloj se desgrana en segundos monótonos y tristes y la noche se desboca implacable hacia el día, asómese al espejo y mírese los ojos, esculque el interior de su mirada. Vaya a la


biblioteca, tome un libro de Borges o Cortázar, en todo caso nunca a Benedetti. Abra el libro y vuele. Mire cómo va quedando un reguero brillante de palabras en el piso. Deguste los sabores, disfrute sus olores, pero solo hasta que estos lo remitan a otros que puedan desperezar ciertas partes del cuerpo, que puedan llevarlo a un estado de exaltación y desesperación, nada convenientes, especialmente a esta altura de la noche. Y si a pesar de todo, a estas horas, usted no puede sacar de su cabeza aquellos ojos que lo desnudan con solo mirarlo, lo mejor sería reconocer que usted está jodido y que el sol que ahora asoma por el horizonte, terminará llevándolo, al final de la tarde a una nueva noche, en la que quizás pueda probar otros recursos.

 

 

 


Por una rosa roja de Rosario Allpas

Lima, 15 de junio de 1840

Amada Susana,

Te escribo con el último aliento que me queda. Recuerdo que, cuando éramos niños jugábamos en el río cristalino de nuestro pueblo, ese que transcurría por el sendero zigzagueante de árboles colmados de hojas de distintas tonalidades. Trotábamos por caminos estrechos hasta encontrar un jergón de hierba esmeralda, al que bautizamos en secreto: «nuestro remanso de paz». Yo me recreaba en las tranquilas aguas del azul celeste de tus ojos, en los hoyuelos profundos que iluminaban tu rostro alegre, en los coquetos rizos de tu cabello claro que se movían al compás de la brisa. Jugábamos a escondernos y encontrarnos, lejos de sentimientos tan profundos que dolían el alma. Nuestras risas se confundían con los trabalenguas, y las manos se nos ponían rojas de tanto palmear con el repetido «Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena». Aquellas letras eran las únicas tristezas que en nuestro corazón anidaban. Eran nefastas y, sin embargo, las tarareábamos alegres.

¿Por qué cuando crecimos cambiaron tanto las cosas? Tú te fuiste a un colegio de monjas, en Lima, para que te hicieras señorita, y yo me cambié a una escuela fiscal porque no tenía un padre que velara por mis estudios. Este murió muy pronto, dejando a mi madre, triste y abatida, y con tres de mis hermanos menores. Tuvimos que mudarnos al rancho, lejos de la ciudad. Quedaron en mi memoria tus ojos, tu sonrisa y la rosa roja que me regalaste el aciago día de nuestra despedida.

¡Oh, Susana! Nuestras vidas se hubiesen quedado allí, en ese recuerdo de coloridos instantes de niñez. Pero Dios me dirigió a un destino de sombras cuando viajé a la capital. Te encontré en el teatro convertida en la mujer más hermosa, elegante y culta de la sociedad limeña. Yo me había hecho escritor y fui llamado por el director de un diario recién fundado. Quería que escribiese relatos cortos de la vida provinciana y también de la capitalina. Cuando nos encontramos, me reconociste de inmediato por mis tristes ojos negros, y yo me perdí en los tuyos de celeste manso mar. Apenas tus luceros se abrigaron en los míos, ya me habías hechizado. Todo se volvió brillante, y retornó el aire puro del paisaje límpido de «nuestro misterioso remanso de paz». La primavera de colores insistía en no advertir el entorno gris del invierno limeño. ¡Ah, Susana! La magia terminó para mí cuando me contaste que estabas comprometida. Hubiese regresado a la calma de mi pueblo cuando te escuché. Pero no, no lo hice.

Tu prometido era el capitán de la policía, un hombre adusto y áspero que no entendió nuestra amistad. Enfadado estaba cuando tu risa se elevó en el salón, diáfana y alegre, en el momento que, estando a solas, te hice notar que tenías de compañero a ese Mambrú de antaño. Quizás pensaba que nos reíamos de él, o, tal vez, intuyó mi pasión por ti, porque mis ojos ya destilaban amor. A partir de ese día, en cada reunión que coincidíamos, él demostraba su hostilidad.

Una noche, que regresaba a mi hogar, pasé por tu casa. Al bordearla vi una pequeña puerta en la parte trasera, donde unos rosales se explayaban más allá de la reja como si fuesen una invitación. Recordándote, quise cortar una rosa roja. De inmediato, varios hombres me cogieron de los brazos y condujeron hacia una patrulla. Me defendí, pues pensaba que la acusación para encerrarme en la cárcel era absurda: ¡ladrón de rosas! Uno de los subalternos me dijo que habían encontrado un pordiosero muerto en la esquina próxima a tu casa. Me acusaron de ser el autor de la muerte del infeliz. El jefe era nada menos que tu prometido. Intuí que iba a ser imposible una absolución. Aquella noche luminosa sin estrellas, no hubo ningún alma en las inmediaciones del lugar. Mi suerte estaba echada. Creyeron al capitán; yo era un simple desconocido.

No sabía, amada Susana, si esta carta llegaría a ti. Solo anhelaba desahogar el pesar que siento. Me quedé prendado en los recuerdos cuando vi aquel rosal hermoso del jardín trasero de tu casa, y por azar del destino un desventurado había muerto, quizás de hambre, en la esquina.

Termino mi carta y ahora sé que llegará a tus manos. El buen cura vino a visitarme y a pedirme el último deseo. Era el padre Ambrosio Reyes, el hermano mayor de Luis, un compañero de la escuela fiscal. Lo reconocí por la cicatriz en la frente. Se la había hecho al pegar en la alambrada del jardín, una tarde que jugábamos con su pelota de trapo. Fue el único de los hermanos que enviaron al seminario, pues tenía como padrino al alcalde del pueblo. Me prometió hacértela llegar, pues, sagrado es cumplir la última voluntad de un hombre condenado a morir. Me dejó terminar la misiva este buen hijo del Señor.

Adiós, mi querida Susana. Siempre te amé; y si he de morir por amarte, gustoso acepto mi destino.

Tuyo, por siempre.

Carlos.

martes, 18 de agosto de 2020

Poema de David Espinosa - México

 

Viajero:


Naciste de la nada,
llegaste de otro viaje cruzando la mitad del cielo.
No te detuviste y hasta ahora parece que esperaste.
Un mundo redondo para quererlo moldear.

Con tus manos vacías haciéndote mil preguntas
para saber lo que hay más allá del tiempo
después de vagar por el espacio inexistente
de donde surge la pregunta y la respuesta inevitable
de las horas que recorren el mundo
y no acaban de terminar.

Viajero quieres acabar el viaje y tomar la materia escondida tras el espejo porque no hay un velo que lo cubre; porque has sabido que detrás de tu espejo
se detiene el tiempo y empieza la eternidad.

viernes, 19 de junio de 2020

Y el mundo se detuvo por Doris Nino (Colombia)


Y el mundo se detuvo…

No acabábamos de disfrutar la despedida del viejo año, pues aún quedaban residuos en el paladar del lechoncito, la natilla, los panecillos, la yuca con mojo, las empanadas, y el pastel. De viandas criollas hasta un plato francés que aromatizaron la cocina con los olores más autóctonos. “Salud!” gritamos al dar las doce y chocar el cristal rebosado del burbujeante liquido francés.
Pasando a recordar los rituales heredados de la abuela, las 12 uvas, las lentejas, monedas, y velas para augurarnos luz en el nuevo año, y por supuesto, no falto salir corriendo con la maleta.
Los abrazos y besos ensalzaron nuestro espíritu y nuestro corazón, rebosando de alegría y optimismo
recibíamos el nuevo año que empezaba a despuntar. 
La bolsa se había recuperado del desequilibrio de una fuerte recesión. Todo esto paso sin sospechar que quizás podría ser la última navidad compartida…
 Mientras que con alegría en Oriente se empezaban los preparativos para recibir el año de la rata, símbolo de inteligencia, astucia, y portadora de abundancia, especialmente para los nacidos bajo este signo.
Paradójicamente, para el viejo mundo y Occidente, su aspecto repudiado y visto como portador de gérmenes, suciedad, y relacionado con la pobreza.
Mas en la ciudad de Wuhan algunos de sus habitantes comenzaban a experimentar problemas respiratorios adjudicados de momento a una fuerte neumonía, pasando desapercibida la nube negra que saldría del mercado de alimentos exóticos a mitad de enero y despacio se deslizaría sobre el planeta, y se convertiría de príncipe milenario, en el trasmisor de la corona china. Sin rostro y silencioso, desconocido en parte porque con su microscópica figura contagiaría su legado de terror hasta en su propio régimen, llegando hasta cada rincón de nuestro planeta sin importarle un carajo ni condición social, ni razas, ni fronteras, ni políticas. Pero con la potencial destrucción de una bomba atómica, haría tambalear los cimientos de la tierra y egos consagrados, hasta dominar al que ilusamente se creía el dueño de esta tierra.
Nos confino a los más privilegiados a nuestros refugios y tuvo un poco de misericordia con los menos afortunados, que recibieron un lugar de refugio temporal y un bocado de comida poniéndonos de frente ante la posibilidad de la muerte. Hizo cerrar ciudades y fronteras, silencio Metrópolis que no dormían e incomunico los 5 continentes para formar uno solo y mostrarnos el valor de la empatía. Obligándonos también a frenar la carrera desenfrenada en la que estábamos viviendo en nuestro diario vivir. ¡Los noticieros mostraban los estragos, cientos de contagiados dejando números inverosímiles! Colapso la bolsa en un histórico récord, dejándonos estupefactos y meditabundos… También al saber que se reducía a cenizas la sabiduría de nuestros ancestros. Las noticias bombardeaban nuestro cerebro sin darnos tiempo a digerir la realidad... mientras los discípulos de Hipócrates corrían contra reloj, tratando de usar sus conocimientos para mitigar la enfermedad que los dejaba discapacitados, al no haber una cura, y con horror veía el mundo subir el porcentaje de cadáveres en China y el viejo mundo. Brotes en todas partes hasta convertirse en una pandemia. Lágrimas y corazones rotos tomando el último recurso ordenado por sus superiores, sin la acalorada discusión y debate que fuera hecho de primera plana en años anteriores. No quedaba de otra, que hacer vigente la eutanasia pues los servicios sanitarios se habían colapsado. Nos vimos despojados del derecho de despedir a nuestros familiares y amigos. Los viejos se iban sin despedirse de la vida que se les había extendido gracias a los logros de la medicina.
Y mientras los humanos sentíamos en carne propia el viacrucis directamente causado por nuestra indolencia. Afuera el mundo se renovaba, los pájaros volvieron a realizar sus conciertos al alba, seguidos de las mariposas que se pasean por los jardines, en algunas ciudades los animales se atrevieron a explorar los bastos entornos  de concreto, donde en el pasado fuera su hábitat y de donde fueron desalojados y destruidos sus hogares sin pensar en ellos, los ríos se aclararon y se reprodujeron los peces en los mares, los delfines y ballenas sintieron un poco de alivio en sus dietas de plástico y desechos tóxicos proliferados por el hombre pensante, los bosques reverdecieron. Al menos por un corto tiempo, la madre naturaleza podía limpiar sus pulmones y renovar un poco su aire, ese preciado elemento que ahora el hombre tanto necesitaba a través de una máquina para poder vivir.  Todo lo había cambiado en un santiamén la sabia naturaleza. La tierra sonreía y se renovaba, mostrando que sus inquilinos humanos se irían y ella se quedaría.
2020 el año de los gemelos y también bisiesto. 2020=40, cuarentena, renovación, lecciones y concientización, 2020 el año que marcaría un antes y un después en la humanidad, que los escritores y poetas usarían de inspiración para dejar rodar la tinta sobre el papel, floreció la poesía, la narrativa sobre los hechos y opiniones del legado para la historia, que contaría la pandemia del nuevo milenio
Ya que el mundo tendría cambios muy significativos. Y un porcentaje menos de su población.



lunes, 15 de junio de 2020

20/20 Por Mayra Sorondo (Puerto Rico)


Yo siempre he escuchado o los oftalmólogos decir que 20/20 es la visión normal, pero no fue hasta hoy que supe a qué se referían. Entonces a una persona a quien le hacen una prueba de sus ojos y tiene 20/20, significa que le es posible leer letras a 20 pies de distancia.
Y yo me pregunto: ¿Por qué el año dos mil veinte, no ha logrado ese 20/20 desde que llegó?
Es que el 20/20 llegó fallido desde su primeros pasos: sus infortunios empezaron sacudiendo a mi bella Isla Borinquén; que si los murciélagos o los laboratorios de La China transmiten un virus tan potente convertido en pandemia, que se ha requerido del encierro; de cerrar las fronteras y las economías mundiales para evitar su propagación, que hay que salir con mascarilla puesta, que tantos muertos, ¡que cuando un amigo se va!
20/20 sufre de una miopía aguda, de una doble visión con doble vara para atacar como siempre a los más vulnerables, a quienes llaman minorías siendo la mayoría, a los prietos, a los negros, a los hispanos, a los asiáticos, a los que hablamos con acento, a los pobres que llegaron ahí por la mala distribución de los recursos y de las riquezas. ¡No puedo respirar, no puedo respirar! El 20/20 sufre de una oscuridad política, socio económico y racial de proporciones gigantes. ¡No puedo respirar, no puedo respirar!
Al 20/20 le antecede un año de muchos movimientos feministas como Me Too y el Violador eres tú que me llevaron a pensar por un momento que la impunidad había salido del closet y por lo tanto, todo tipo de abuso llegaría a la más alta disminución y con cierta ingenuidad, pensé que desaparecerían.
Pero me equivoqué, solo bastaron 8 minutos y 46 segundos para que un policía blanco con las manos dentro de los bolsillos cual Pedro Navaja, degollara con su rodilla a un hombre negro mientras éste gritaba, no puedo respirar, mamá no puedo respirar.
Me hago un llamado a mí misma y me pregunto ¿cuán racista puedo ser, si alguna vez he negado mi mestizaje de tres razas: taína, española y africana? A mi abuela negra no le aceptaron al novio negro porque era negro, como si los bembes grandes y la nariz abundante de mi abuela no la hicieron negra.
Para terminar incluyo un fragmento del poema: Me gritaron negra de la autora Victoria Santa Cruz
Tenía siete años apenas, apenas siete años – ¡que siete años! ¡No llegaba ni a 5 siquiera! de pronto unas voces en la calle me gritaban ¡negra, negra, negra, negra, negra! ¿Soy acaso negra me dije?, sí, ¿Qué cosa es ser negra? ¡Negra! Y yo no sabía la triste verdad que aquello escondía. ¡Negra! Y me sentí negra como ellos decían y retrocedí y odie mis cabellos y mis labios gruesos y miré apenada mi carne tostada y retrocedí y pasaba el tiempo y siempre amargada, seguía llevando a mi espalda mi pesada carga, ¡y cómo pesaba!, me alacié el cabello, me polveé la cara, entre mis entrañas siempre resonaba la misma palabra ¡negra, negra, negra, hasta que llegó ese día que no retrocedí, y avanzo segura y al fin comprendí “negra soy” .

PARECIDO AL AMOR por Jorge Vega (Colombia)



Recojo tus palabras, tus gestos, tus silencios
Los sacudo, los huelo
Los pongo del derecho y del revés
Los abro, los desgrano
Los muelo, los amaso
Los desnudo, los pruebo
Los desarmo, los giro
Los llamo en el silencio de mis noches de insomnio
Los reparo, los miro
Los adorno, los toco
Los releo, los sueño
Los adoro, los odio.

Al final me los bebo muy despacio
En el largo silencio de la noche desnuda
Y en la boca me queda un gusto jubiloso
Como fiesta de pueblo, carnaval o comparsa
Como un lentísimo vuelo de gaviota en una playa sola
Como un cielo de mayo con Neruda
Al fin algo bastante parecido al amor…
Sin serlo.

miércoles, 3 de junio de 2020

Invitación por Alfredo Moreno (Mexico)




La carta cayó sobre la mesa, todos los jugadores se miraron a los ojos, incrédulos, sorprendidos, temerosos, pensativos ... ¡¡¡un comodín!!! ¿quién chingaos la había desechado? Ciertamente, era sólo una baraja más en la extensa amplitud de los naipes ... el pequeño detalle: a la gran mayoría de los jugadores, se les dejaba expuesto en su juego, casi todos ellos no tenían ya carta a jugar, todas sus cartas estaban sobre el tapete, su "opción": sólo seguir el juego de los pocos que tenían todavía cartas en la mano y que, por "extraña coincidencia" , mostraban ases y juegos que los hacían ya, más que probables ganadores. Para estos últimos se presentaba un problema, a la vista, las cartas planteaban la posibilidad de un empate. Había que decidir al ganador en algún otro juego. Entre los escasos jugadores que aún quedaban en contienda, se inició, ¿o continuó?, un entretenido juego de ajedrez. Había una gran cantidad de jugadores de desecho, para hacer las tareas de los peones, sacrificables de la santa guerra del poder. ¡¡¡SSSIII sorpresa!!!, los que habían soltado ya todas las cartas, aún podían jugar ... gracias a la magnanimidad de los participantes, que aún buscaban el oro en la victoria, invitaban a jugar por ley, a aquéllos que ya no tenían posibilidad de éxito, el juego de la pirinola, ese donde casi todos ponen y sólo alguna pirinola, ese donde casi todos ponen y sólo algunos recogen. Desde luego ... ellos establecerían las reglas: el momento de aportar su diezmo y contribución; les darían oportuna noticia de cuando hubiesen perdido (siempre es bueno prepararse pa' morir)”; quien pierde y vuelve a perder; Cuando en la lotería de la vida, las cartas están marcadas, las mejores apañadas ... si a la escalera un soldado ... pa' mi estrella el valiente. No es que sólo esté mirando ... en ocasiones la mejor jugada es ... no jugar. Por supuesto, también se puede cambiar de juego, a uno de esos en los que todos lanzan los dados, con casi idéntica probabilidad de entrar o salir del pozo, o a aquél en donde se puede ahogar tanto a la mula mayor, como a la muda y permite plantar a la que tiende puentes, pa' que todo jugador realice su jugada. Mi preferido, aquel comunitario, donde las aves acorralan, para ahogar al coyote en su excremento. Así si ... ¡¡¡ TODO EL MUNDO A JUGAR !!!

jueves, 14 de mayo de 2020

Retazos en los tiempos de la pandemia Por Mayra Sorondo (Puerto Rico)


Retazos en los tiempos de la pandemia
! Que tiempos!
“Nunca pensé que saliera del anonimato”, ¡dijo la mascarilla!
El lunes pasado, a mi carro de trece años- que luce joven- se le prendió  la luz que indica bajo en aceite.  Llamé al mecánico para ver si lo podía revisar, y para que me dijera, si el alcohol resolvía el problema,  o una mascarilla o un ventilador, porque en los tiempos de una pandemia, el vocabulario se tiene que ir adaptando, acorde. ¡Qué tiempos!
Nunca en mi vida había ido a tantos cumpleaños en cuestión de dos meses como durante el encierro. ¡Y es que ya son 3! Con esta nueva modalidad las bocinas de los autos invitados toman el lugar de la canción de las mañanitas.
¡Qué tiempos!
Durante el distanciamiento buscando respirar aire fresco y renovado, he visitado a mi vecino como nunca antes, es que ese parque se ha convertido en mi amante verde, de agua de arroyos, de lunas llenas, de cielos encancananublados, de avistamiento de murciélagos, de puentes cuyas columnas me muestran su abecedario y los pasajes me llevan a descubrir nuevas veredas. He visto como los arboles remozados y fuertes con sus distintos tonos verdes invitan a las hamacas a posarse en sus troncos para que la gente se mesa en ellas. Cada escenario lo voy retratando en mi memoria y/o son captados por el lente de mi “smart phone” ya que la naturaleza anda posando todo el tiempo.
Si algo he logrado conseguir hábilmente es alternar entre la ansiedad, el llanto y la alegría. De vez en cuando me sumerjo en la filosofía estoica para fortalecer la confianza en mí y en la humanidad.  
En este confinamiento, salvo de aquel o aquella que puede dormir en sus noches, los demás nos hemos convertido en El Mar del Insomnio.
¡El tema de “tengo poco trabajo, no tengo empleo” raya en la cursilería y la exasperación! Escuchamos: Biip, biip, biip cada vez que llamamos al teléfono del desempleo, porque siempre está ocupado.  “There is not information at the time” says the IRS, when asking where my payment is.
Eso de sobrevivir, es un asunto serio. ¡Qué tiempos!
 “Quédate en casa” ha sido la consigna y Zoom- se ha convertido en puntos de encuentro, en la nueva forma de socializar, de estudiar y hasta trabajar. Tu zoomeas, yo zoomeo, nosotros zoomeamos, ellos zoomean!
¡Qué tiempos!
Si en persona nos toca distanciarnos al menos seis pies, por el zoom, aprendimos a abrazarnos virtualmente,  ¡y en esas estamos! Si la incertidumbre nos lleva por senderos nunca antes vistos, ¡creceremos, porque la locura no puede ser la opción!
¡Ay qué tiempos!





viernes, 27 de marzo de 2020

La Grulla Común por Maria G Rios.

Si lograras existir en este mundo de soledad encontrarías el significado del amor en la arrogancia, comprenderías a esa mujer que pudo convertirse en la persona más bella y romántica que conocieras, pero el temor se apodero de ella, esa niña la cuál regalaba flores y poemas e incluso pudo haber conquistado el mundo con el brillo de su sonrisa, pero fue dominada por ese pánico al ser rechazada, burlada, menospreciada, usada y entre otros miedos más... formando parte de la transformación de ese monstruo existencial que hoy categorizas como egoísta y farsante, porque no tomas su papel por un segundo y así entenderías las tristezas que se esconden detrás de la dulzura de sus ojos, es imposible para muchos no confundirla con terror y odio, más sin embargo todavía está ahí esa jovencita que paso de estar en el calor su nido a convertirse en un ave de paso, despegando su vuelo en lucha de las barreras de injusticia y soledad, en esas tierras lejanas a su nidal, convirtiendo su nostalgia en algo habitual. Por favor humano no se te ocurra detener su vuelo, ella podría escapar sin rumbo fijo, empoderada por esos miedos que le acechan y no, no es cualquier ave, podrías confundirla con una grulla común buscando terreno habitual, pero lo que en realidad busca es sobrevivir de personas como tú, que la distinguen por ser diferente a ti, migrante.

martes, 23 de julio de 2019

Infancia por Irina Fernandez de Cuba

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Infancia
                          A mis abuelos 

 Patio grande,
murmullo de los árboles cargados de frutos,
ingenio desmantelado con nombre de mujer.
Olor de la leche de vaca,
dulces caseros de la abuela Yeya,
décimas de Pedro el abuelo mágico.
Docenas  de primos bañándose en el río,
Mesa larga junto al laurel,
Cocimientos,
miel de güira,
inocencia,
sueños.


Mi barrio

Ayer filosofábamos sobre la patria.
Mientras recordaba mi barrio de la infancia,
provinciano pueblito de humildes casas:
un parque, la iglesia, el cine, una plaza.
El templo metodista y su campana,
las polvorientas calles donde antaño yo jugaba.
Y aquellas frutas que compartía con Griselda mi amiga negra, 
hurtadas del altar que invocaba a Santa Bárbara.
Yo no entendía que la llamaran Shangó, 
pero el ritmo de los tambores le desnudaba el alma.
Sol reverberante en los techos de zinc,
lluvia como un río de mugre. 
Recuerdos que sostienen un pasado,
que nos define y nos marca.
Visiones nostálgicas, inesperadas,
donde el tiempo señala nuestro origen
en aquel pedacito de Patria.







miércoles, 22 de mayo de 2019

El Guaratorio por Jose Luis Quintero (Colombia)


El Guaratorio
A mí que me sirvan un aguardiente de caña de las cañas de mis valles y el anís de mis montañas, a mí no me dé trago extranjero que es muy caro y no sabe a bueno.

     A pesar de que el aguardiente es el trago de mi predilección mi iniciación en el mundo etílico no fue con guaro sino con ron. Me parece que tenía doce años y era el día de las velitas de 1999, a las portas de cambiar de milenio y que milenio más alcohólico el que me esperaría después de esa noche. Fue con un vasito de plástico con hielo y con ese brebaje tan chimbchombiano de ron tres esquinas con Coca-Cola que me inicie en las mieles de Baco. Estábamos en Kennedy con la familia de mi padrastro y ellos, los adultos responsables, estaban tambien rezándole a Dioniso muy diligentemente como buenos católicos apostólicos romanos. Por eso fue que mi mama a pesar de estar presente no se percató que su hijito tan inocente estaba pegándose su primera jala con un poco de caldenses que se lo gozaron por el desparpajo y elocuencia que el ron me había producido.
Fue así de esta manera tan casual que entre en el mundo de las copas. Y no sería precisamente el ron el coprotagonista de lo que se vendría seria su majestad: Don Guarito. Algunos loquitos le hacen el feo al guaro y lo tildan de almizcle para el populacho, de gasolina para la furia de la violencia colombiana, de ser trampero. Pero yo no creo que sea así. A pesar de las críticas a mí que me traigan un guaro para esta mesa y comenzamos con una mediecita y le seguimos con la garrafita. El aguardiente representa muy bien lo que es Colombia. Una colcha de todos los sabores y colores: existe el néctar verde, el del valle, el cristal, el tapa roja, el antioqueño --uff que delicia se me hace agua-ardiente la boca—también está el llanero, el líder Boyacense que es bien bravo y peligroso. Y a mí que me lo sirvan en copita y con limoncito. Y aténgase parcero que acá en Colombia tomamos hasta reventarnos y quedar gateando por las calles y avenidas.
 Así lo hicimos con Andrés Ferney en todas esas terribles noches de consumo indiscriminado de anisado en las cuales nos parrandeamos la séptima, la once y la avenida suba principalmente. Ah sí señor y eran las inanimadas estatuas de próceres olvidados y cagadas por ratas voladoras a las que les devolvíamos el alma con nuestras serenatas aguardientosas, ya que el guaro tambien tiene esa facultad de despertar lo más melómano del alma colombiana. Te hace cantar y cantar desde vallenatos de Otto Serge hasta los tangos de los Visconti.
 Y es que no hay mejor trago para el despecho que el guaro, el anisado si te saca toda la pena del fondo de tu mango hecho mordiscos, pero eso si tienes que estar con unos buenos parceros porque como digo es bien tramperito. El problema con el guaro es que es muy dulce dicen algunos y es trampero porque tomas y tomas copa tras copa y no crees que estas jeto, pero te levantes de la silla e hijo madre que borrachera tan brava en la que estás. Y pues debido a lo dulce del brebaje las consecuencias de su consumo excesivo llevan a no ser muy apreciado al día siguiente. Y el paciente arrepentido y con la cabeza en lo más profundo de la taza del inodoro promete que jamás en la vida se vuelve a tomar un aguardiente. Y como somos colombianos y lo mejor que sabemos hacer es olvidar, el mismo muñeco que se quejaba la semana pasada del translúcido licor, esta este mismo sábado levantado su copa y proclamando el más ilustre de los lemas: pa arriba, pa abajo, ¡¡¡pal entro y pa dentro!!!



Kaboom por Tatiana Ocampo Puerta (Colombia)



Kaboom

Renuncio al aire libre y al oxígeno,
Y me sumerjo en laberintos fantásticos,
Donde empolvados los lomos de estos libros apilados en recovecos misteriosos,
Me invitan.
Salta la tinta y nos cae encima lluvia negra de historias,
Vuelan Rocinante y Pegaso por igual.
Sentada mientras escucho o divago,
Miro este firmamento de letras titilantes con destellos de suspenso,
Hurguemos las antiguas lenguas,
Descubramos los descubrimientos,
Que nos alucine la poesía,
Y conspiremos…
Hablemos de las cuitas del alma y del país,
Imaginemos la bondad,
Invoquemos la justicia,
Derroquemos a los tiranos,
Repartamos el oro de nuevo,
Conspiremos para acabar con el desacato contra la naturaleza,
Y sigamos pensando en darles el espacio a los animales y plantas,
De seres con derechos a este planeta deshumano y desalmado,
Livianos de vino, conspiremos contra la mojigatería y la esquizofrenia moral,
Conspiremos para frenar la frenética carrera hacia el éxito,
Y abracemos al fracaso como el viejo amigo que es,
De entre todos los amados difuntos aquí presentes,
Aprovechemos el concervezatorio para prometernos,
Unirnos en paz al otro mundo con la cara tranquila a la muerte,
Que la vida no es antagónica de la muerte sino una enamorada femme fatal,

Conspiremos
Entre la tempestad de los amores,
Por la tortura sádica o la feliz ilusión
Y todo aquello que quepa en la mitad.
¡Salud!

domingo, 10 de marzo de 2019

Un Corrido para Amparo por Alfredo Moreno (México)




El silencio enmudece, desde el centro de la tierra, de lo más profundo, una voz, un bravo corrido resuena...una soldadera dispara pasión en notas, las balas despiertan vital aliento y de su mano se inicia el canto del pueblo, del indio, negro y mestizo; obrero y campesino.

Una maestra abre el aula, su enseñanza de la vida, por libro el himno... corrido que narra y ampara lucha en contra del hermano afrenta.

La lección se difunde por el campo y la zona fabril. Por la selva y asfalto se esparce el trino, amor cultivado para cosechar la mirada, a un verde horizonte.

Adelita, ya no sostienes al hombro canana, ni asida llevas a la mano tu 30-30...hoy en canción es la batalla, el fusil no dispara físicas balas... lanza misiles certeros en voz de mil sones...al corazón penetran...para darle el Amparo de lo justo y lo digno.

En nocturna velada, para curar heridas, las enaguas por venda en tequila mojadas, las caricias que de una guitarra emanan, una voz que narra y al alma, un mejor mañana promete.

Amparo en un corrido, con hechos cantado.
Amparo en tu mirada, que revela para denunciar.
Amparo en tus labios, de ellos el beso...tu grito en protesta.
Amparo en la estela que deja tu caminar.
Amparo, Amparo... por siempre AMPARO.

Esquinas recorridas Por Mayra Sorondo

“Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar,
Con el tumbao’ que tienen los guapos al caminar,
Las manos siempre en los bolsillos de su gabán,
Pa que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal”
-Pedro Navaja ~Rubén Blades

Una esquina es direccional, nos indica los cuatro puntos cardinales, nos puede llevar por cuatro caminos. Si te pierdes y le preguntas a alguien como llegar a algún lugar, podrían muy bien contestarte algo así como: allí en la esquina que tiene el palo de mangó, doble a la derecha. Las esquinas podrían marcar puntos finales, o dar pie a un puente que nos lleve al otro lado. Desde una esquina se puede divisar una loma, un llano o un risco.

En las esquinas existen letreros de señalización como: los pares, ceda el paso, semáforo, cruce de peatones, ¡cuidado cruce de ganado o del venao! En una esquina podemos encontrar un puesto de flores, de frutas, vegetales, quioscos de periódicos y revistas, al billetero que nos vende los números de la suerte.

En las esquinas se pueden comprar piraguas de frambuesa, de coco o tamarindo -que antes costaban una peseta, ahora un peso. En las esquinas, usualmente encontramos zafacones para tirar la basura. En muchas esquinas colocan los buzones a donde llegaban antes las cartas de amor escritas en puño y letra.  Hoy, nos llega solo propaganda y cuentas por cobrar.

Es raro que en una esquina no exista una parada de guagua o metro. En las esquinas nos puede recoger un taxi, un Uber, el jevo, la jeva. Las esquinas son los puestos por excelencia de las putas de la calle, más no de las “escorts”, las esquinas las prefieren los vendedores de drogas, y también los que hacen guardia para avistar a la policía gritando: ¡A jullir, que por ahí viene la jara! Las esquinas sirven para el ocio de los vagos, pero además para los jornaleros en su búsqueda del pan de cada día.

En las metrópolis como Nueva York, las calles colindan con las avenidas, en las esquinas de las avenidas se siente más el frio que en las esquinas de las calles porque llevan el frio del Rio Hudson y del Rio del Este.  En la esquina de Broadway y Canal se podían ver las Torres Gemelas para marcarnos el sur de la ciudad -antes de su derrumbe. En la esquina del Callejón en El Viejo San Juan- se juega dominó, se improvisa un bembé a fuerza de bomba y plena, y desde esa misma esquina podemos ver el mar.

Las esquinas pueden ser jactanciosas puesto que no sufren del encierro de otras calles, y como gozan de espacios más amplios, se les infla el ego y el valor de sus bienes raíces.

¡Ay! si las esquinas hablaran.

¡En fin, una esquina tiene infinitas posibilidades y múltiples usos!

¿Qué tú crees? ¿Te veo en la esquina?

¡La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay dios!

viernes, 25 de enero de 2019

Algunas esquinas de Santiago - Elizabeth Calvo



De Stgo de Cuba que podría yo contarles?
Yo solo nací allí hace unos 50 años, y ese pedacito de mundo que conocí me lleva más de 450 de ventaja. Stgo de Cuba fue una de las 1ras 7 villas fundadas por los conquistadores españoles, en su paso hacia el oeste. Wikipedia dice que fue Diego Velázquez en 1515, y la mayoría de los libros cuentan su historia a partir de ahí, en fin, Lo que les contare es poco y muy mío, de las memorias de mi niñez y un poco de ese mundo ideal de algunas esquinas, de esos recuerdos que se recrean y pintan de arcoíris cuando las alas te han llevado lejos.

Camine mucho sus calles estrechas, algunas casi sin aceras, loma arriba y loma abajo, aun hoy unas pocas adoquinadas, con marcas de tranvías, con esquinas que tenían pintadas viejas propagandas de Coca Cola, Mejoral, Bayer y otros productos que ya no existían. Las cuadras de mi Stgo en general son simétricas, de 100mts de largo y ancho. Las casas de mi barrio están pegadas una al lado de la otra, en algún tiempo estuvieron pintadas de colores vibrantes, fachadas estrechas, puertas altas, ventanales con balconcitos aunque estén en planta baja, enrejados y persianas. La mayoría de las casas tenían claraboyas (tragaluces o vitrales). Debido a la irregularidad geomorfológica de la zona, muchas callejuelas se construyeron en forma escalonada, siendo la más famosa la Escalinata de Padre Pico, en el barrio El Tivoli, con 52 escalones en 13 bloques de 4 peldaños c/u.

Desde la esquina de Corona y San Basilio divise la bahía cada vez que cruce por allí. La bahía allá azulita y tranquila, vigilada y protegida por el Castillo de El Morro. Y ese pedacito de terruño en el centro, “El Cayo”. Y atrás de fondo las lomas de la Sierra Maestra.
Yo nací y crecí en la calle Vargas, casa#5, cerca de la esquina con el paseo Martí, a 3 cuadras del crucero del tren, histórica esquina donde hubo una librería por muchos años.
Vargas, la calle debe su nombre a un brigadier español, q fue gobernador en 1850-1855. Los Hoyos, como se conoce actualmente este barrio, es famoso por su conga, sus negros arrollando a paso pegado al suelo, sudando unos encima de otros, cuando los cueros de los Congos y la trompeta china lo anuncian a fin Junio y durante los carnavales. En Casa’e “La China” una negra voluptuosa y de ojos rasgados, yerbatera y espiritista famosa, muy cerca de la esquina de Marti y Moncada, a 8 cuadras de donde yo vivía, se compraban las mejores yerbas y flores frescas pa despojos, cualquier tipo de accesorio pa brujerías y otros rituales de santería o de paleros. También se vendían raíces pa preparar el famoso Pru-oriental, una bebida deliciosa. En mi niñez era un barrio limpio, que tenía una costumbre peculiar: muy temprano en las mañanas antes de que saliera la 1ra persona de la casa, se lanzaba de la puerta pa’fuera un cubo de agua previamente serenada. La razón era pa refrescar la entrada del que llegara y limpiar el camino del que salía. Esto se hacía creo q solo en Oriente, y en otros lados solo por santiagueros. Mi abuela lo hacía religiosamente y de esa agua serenada a veces nos santiguaba. Con eso ella lo curaba todo. Hoy ya no es así, casi nunca hay agua y cuando hay, muchos ni recuerdan la tradición.

Recuerdo una tarde, Yo tendría como 7 años, Sali a la puerta de mi casa, recién bañadita, peinadita en mi batica de algodón azul, planchadita, a mi rostro llego una brisa distinta, sentí por primera vez el aliento etílico de mi ciudad, un aroma profundo, almizclado, dulzón y amistoso que me gusto de una. Aquello se grabó en mi memoria como un bálsamo, un embrujo, o como una caricia. Después mi papa me conto q ese olor se escapaba de las bodegas de la fábrica de ron Bacardí, cada vez q abrían para cargar los camiones q transportaban las cajas de ron. La fábrica hoy renombrada “Ron Santiago”, queda a 5 cuadras. Por eso cuando me sirvo un trago de añejo, me dejo seducir con su aroma, luego me regalo unos instantes para saborearlo, poso mis labios en el borde del vaso, solo para humedecerlos, entonces “el” roza mi lengua y en lento compas me penetra su sabor ardiente, q pasa por mi garganta como un fuego necesario y yo, bueno Yo me transporto…y vuelvo a ser esa niña de moños trenzados y batica planchada frente a la puerta en mi barrio.

Otra cosa que yo he notado es que los negros más bien parecidos y sexys de este mundo los he visto, y tocado allá. Los puedes reconocer, los negros de Stgo somos esa mezcla indefinida, con labios carnosos y nariz perfilada, abundante cabellera, pechos lampiños y buena dotación de músculos, y zalamería, mucho sex-appeal tanto en hembras como en machos. Esa interminable mixtura de pirata francés con criolla hija de españoles, o de haitiano con india siboney, o de jamaiquino con blanca dama, o de chino con negra africana, o todo eso y más, revueltos genes, que nos han parido una raza de negros, mulatos, trigueños, todos apetitosos, tersos, bronceados, musicales, libertinos, y además, pretensiosos. Y q decir del “Jabao”, eso no se conoce en otro país de habla hispana.

La bodega de la esquina era del chinito Joa, recuerdo que tenía un mostrador de madera y unos estantes que mayormente lo que mostraban era cajas de cigarros, cajas de fósforos, unas pesas antiguas, y a pesar de no haber mucha mercancía, había un olor bonito, a granos secos, a galletas de sal, a tabaco y a vino seco para cocinar. El chino era un ser diminuto, flacuchento y con espejuelos de fondo de botella. Machacaba el español pero le encantaba jugar domino en la esquina todas la noches con un grupo de hombres escandalosos y echadores de bromas. Él vivía ahí mismo con su hija una chinita criolla, y su nieta, hija de esta con un militar. La hija de Joa se fue por el Mariel en el 80. El pobre hombre dejo de mascullar lo poco que sabía de español y se encerró en su mundo y en su casita sencilla, en la parte de atrás de la bodega hasta que murió.  Esa esquina fue reconstruida, porque en una temporada de huracanes la bodega se desplomo. Lo que hicieron fue una carnicería, donde casi nunca hay carne, y cuando toca es por dieta de enfermedad, o por ser mayor de 65.

El paseo de Martí, ave. importante, de 2 vías en ambos sentidos, y un parque interior, ostentaba frondosas matas de majagua a ambos lados. Con frecuencia Yo recogía algunas flores cuando caían, amarillas, rojo vino, anaranjadas, y q tenían una textura q a mí me gustaba al tacto, algo así aterciopelada y esponjosa. También las usaban para preparar champú o suavizante. Dicen q eran buenas pa mantener el color oscuro del pelo, y otros remedios medicinales, pero yo nunca las usé. Dicen que Sandy el huracán que paso en 2012 arraso con muchas, sacándolas de raíz, y las q quedaron fueron removidas por temor a q se cayeran, pero hasta la fecha no han sido reemplazadas con otras. Eran robustos ornamentos que protegían a mi gente del Sol, que allí en Sgto. tiende a ser más caliente.

Les puedo contar también de aquellos festines cuando 2 o 3 jóvenes y no tanto se trepaban a los vagones cargados de ganado vacuno que iban rumbo al matadero, y en esa misma equina de Cristina y Marti, se las arreglaban pa soltar a 3 o 4 de aquellos infelices y flacuchentos sentenciados. Estos pobres animales tenían unas horas de relajo, creyendo q habían escapado a la muerte que les era inminente y q por instinto habrían olfateado. La cosa era pasar un buen rato correteando delante o detrás de aquellas bestias que despavoridas salían en todas direcciones. Mi abuela maldecía, mi papa, a veces participaba en aquellas juergas, mi hermano tambien. Yo solo miraba por la ventana, y me reía muchísimo o me asustaba que alguien pudiera salir lastimado. Siempre salía de su casa alguien desprevenido y se encontraba en medio del correteo. Un San Fermín criollo ¡Tremendo! Hasta que llegaba la policía y algunos ayudantes a recuperar los activos del Estado: la carne.  

Otro día les cuento de la mata de Flamboyán del solar de la esquina en Santa Isabel, en esa misma esquina me pinte de rojo los labios por 1ra vez antes de los 15 años, o de la esquina del “Gallito”, donde me reencontré a un amor después de 10 años de distancia, o de la esquina de San German y Corona, donde había un parquecito en el que cada día se peleaban a piñazos los muchachos de mi escuela primaria al salir. Y podría contar también de la playa Buey Cabon, de los viajes en tren a La Habana, o los domingos en El Caney de las Mercedes, o  de cuando vivimos en casa de tío Cesar en carretera de Mar Verde.

Si, soy de Oriente, concebida, nacida y criada en Stgo, y aunque solo una mín. parte de mi vida transcurrió allí, me siento Oriental, guajira, dondequiera que me presento lo aclaro: “Soy de la loma y bailo guaguancó en casi cualquier lado”.