martes, 23 de julio de 2019

Infancia por Irina Fernandez de Cuba

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Infancia
                          A mis abuelos 

 Patio grande,
murmullo de los árboles cargados de frutos,
ingenio desmantelado con nombre de mujer.
Olor de la leche de vaca,
dulces caseros de la abuela Yeya,
décimas de Pedro el abuelo mágico.
Docenas  de primos bañándose en el río,
Mesa larga junto al laurel,
Cocimientos,
miel de güira,
inocencia,
sueños.


Mi barrio

Ayer filosofábamos sobre la patria.
Mientras recordaba mi barrio de la infancia,
provinciano pueblito de humildes casas:
un parque, la iglesia, el cine, una plaza.
El templo metodista y su campana,
las polvorientas calles donde antaño yo jugaba.
Y aquellas frutas que compartía con Griselda mi amiga negra, 
hurtadas del altar que invocaba a Santa Bárbara.
Yo no entendía que la llamaran Shangó, 
pero el ritmo de los tambores le desnudaba el alma.
Sol reverberante en los techos de zinc,
lluvia como un río de mugre. 
Recuerdos que sostienen un pasado,
que nos define y nos marca.
Visiones nostálgicas, inesperadas,
donde el tiempo señala nuestro origen
en aquel pedacito de Patria.







jueves, 23 de mayo de 2019

El clandestino por Jose Luis Quintero


El Clandestino
Solo voy con mi pena
Sola va mi condena
Correr es mi destino
Para burlar la ley
Perdido en el corazón
De la grande Babylon.
Para una ciudad del norte
Yo me fui a trabajar
Mi vida la deje entre Ceuta y Gibraltar
Soy una raya en el mar
Fantasma en la ciudad
Mi vida va prohibida
Sin ser autoridad.

Hoy rememoro, hoy reescribo mi maldita historia de vida. Fue en aquel 16 de octubre de 2006 que esta historia ocurrió. Mi mamá en Kingston en una conferencia de abogados y mi hermana con mi tía porque mi familia no se atrevía a dejar sola a mi hermana conmigo. Yo era un pelao de 19 años que lo único que le importaba era los amigos y la novia de turno que tuviese. Daniel llegó a eso de las tres de la tarde y trajo consigo un six pack de águila y unos cueros especiales para la ocasión. Muy diligentemente nos pusimos a preparar el festín de esa tarde-noche. Al ritmo de un buen Iron Maiden nos pegamos ocho baretos y al compás de unos buenos pipasos armamos ocho más. A ese de las seis de la tarde llegó el coste o Santiago -su nombre de pila- un cartagenero de lo mas chistoso y burro que se pueda conocer. En esa tarde entre los tres nos fumamos mal contados unos cinco porros y nos bebimos dos six packs de águila. Una de las anécdotas mas chistosas fue con el costeño ese día. Antes de salir del apartamento Daniel y yo lo retamos a que se comiera un moño de bareta y el muy desquiciado burro dijo: “aja marica de una, yo no soy un caremonda” y sin ton ni son abrió su jeta caribeña y se embutió todo un cogollo de corinto el cual se pasó con un vasado de cerveza. Y de esa manera muy oriundos y sobrios nos fuimos al muy concurrido parque metropolitano Simón Bolívar. Cuando llegamos el gentío era impresionante y la anarquía e ironía de los festivales de música me impacto como un puño en la cara. Tombos, punkeros y metaleros en un mismo lugar. Allí estábamos en el cierre del festival de rock más grande Latinoamérica y lo cerraba el mismísimo Chao. El frio ya pegaba, pero en ese estado y con toda esa muchedumbre alrededor ni se sentía. Cuando ya estuvimos ubicados en nuestra parcela nos dispusimos a desencaletarnos de los testículos el resto del botín. Y al ritmo de gritos y empujones y de locos mas locos que nosotros le dimos fuego al 23 y una vez más nos sumergimos en el espeso y dulce humo de la corinto. Allí me sentí como en el Woodstock criollo, con hippies y personajes traídos de las oscuras entrañas de Chapinero. Fue en ese lugar entre mis pares que me sentí libre y sin preocupaciones como las que me afectan ahora: que si el seguro del carro, que si el seguro médico que si esto que si lo otro. Y la locura se desato cuando por fin lo que todos estábamos esperando apareció. El grande y místico Manu Chao salió al escenario. Fue en ese 2006 que me termine de enamorar por completo de la música del francés y aún más cuando en medio del concierto nos arengo con su acento de ninguna parte a que generáramos más humo y nos decía: “quiero más humo Bogotá, quiero más humo” y como buenos y juiciosos escuchas le dimos más humo y la turba se enloqueció aún más y cada boca y cada labio en que ese parque le dio una jalada a un millón cuatrocientos mil baretos, y la nube se poso sobre el Simón bolívar y allí permaneció hasta que Manu se bajó del escenario. Aturdidos por la emoción y por la moderada cantidad de cositas que nos metimos, caminamos de regreso ya que el gentío y congestión no iban a permitir que en un lunes festivo a las doce de la noche un taxi le parara a tres muchachos que acaban de salir de rock al parque. Nos tomó como hora y media de caminata, pero entre los tres nos cuidamos y a pesar de nuestro estado nunca nos dejamos de reír y percatar que ningún maldito loco nos estuviese siguiendo. Y así llegamos a mi apartamento en Niza antigua en un cuarto piso en donde seguimos volando hasta el final de la madrugada con un roncito que habíamos guardado para esta ocasión y mientras mi mama se reunía con abogados en la tierra de Marley yo era el que estaba en Bogotá fumándome toda la juventud.  Que rica y tierna juventud. Y ahora mírenos parcero, casados, “serios” y al portas de empezar una familia y dirigiendo una empresa. Que vueltas que da la vida mijo. ¿Que por qué recuerdo y escribo todo esto?. Porque el olvido nunca perdona y no quiero olvidar que aquella tarde noche fue una de las mejores de mi vida.


miércoles, 22 de mayo de 2019

El Guaratorio por Jose Luis Quintero (Colombia)


El Guaratorio
A mí que me sirvan un aguardiente de caña de las cañas de mis valles y el anís de mis montañas, a mí no me dé trago extranjero que es muy caro y no sabe a bueno.

     A pesar de que el aguardiente es el trago de mi predilección mi iniciación en el mundo etílico no fue con guaro sino con ron. Me parece que tenía doce años y era el día de las velitas de 1999, a las portas de cambiar de milenio y que milenio más alcohólico el que me esperaría después de esa noche. Fue con un vasito de plástico con hielo y con ese brebaje tan chimbchombiano de ron tres esquinas con Coca-Cola que me inicie en las mieles de Baco. Estábamos en Kennedy con la familia de mi padrastro y ellos, los adultos responsables, estaban tambien rezándole a Dioniso muy diligentemente como buenos católicos apostólicos romanos. Por eso fue que mi mama a pesar de estar presente no se percató que su hijito tan inocente estaba pegándose su primera jala con un poco de caldenses que se lo gozaron por el desparpajo y elocuencia que el ron me había producido.
Fue así de esta manera tan casual que entre en el mundo de las copas. Y no sería precisamente el ron el coprotagonista de lo que se vendría seria su majestad: Don Guarito. Algunos loquitos le hacen el feo al guaro y lo tildan de almizcle para el populacho, de gasolina para la furia de la violencia colombiana, de ser trampero. Pero yo no creo que sea así. A pesar de las críticas a mí que me traigan un guaro para esta mesa y comenzamos con una mediecita y le seguimos con la garrafita. El aguardiente representa muy bien lo que es Colombia. Una colcha de todos los sabores y colores: existe el néctar verde, el del valle, el cristal, el tapa roja, el antioqueño --uff que delicia se me hace agua-ardiente la boca—también está el llanero, el líder Boyacense que es bien bravo y peligroso. Y a mí que me lo sirvan en copita y con limoncito. Y aténgase parcero que acá en Colombia tomamos hasta reventarnos y quedar gateando por las calles y avenidas.
 Así lo hicimos con Andrés Ferney en todas esas terribles noches de consumo indiscriminado de anisado en las cuales nos parrandeamos la séptima, la once y la avenida suba principalmente. Ah sí señor y eran las inanimadas estatuas de próceres olvidados y cagadas por ratas voladoras a las que les devolvíamos el alma con nuestras serenatas aguardientosas, ya que el guaro tambien tiene esa facultad de despertar lo más melómano del alma colombiana. Te hace cantar y cantar desde vallenatos de Otto Serge hasta los tangos de los Visconti.
 Y es que no hay mejor trago para el despecho que el guaro, el anisado si te saca toda la pena del fondo de tu mango hecho mordiscos, pero eso si tienes que estar con unos buenos parceros porque como digo es bien tramperito. El problema con el guaro es que es muy dulce dicen algunos y es trampero porque tomas y tomas copa tras copa y no crees que estas jeto, pero te levantes de la silla e hijo madre que borrachera tan brava en la que estás. Y pues debido a lo dulce del brebaje las consecuencias de su consumo excesivo llevan a no ser muy apreciado al día siguiente. Y el paciente arrepentido y con la cabeza en lo más profundo de la taza del inodoro promete que jamás en la vida se vuelve a tomar un aguardiente. Y como somos colombianos y lo mejor que sabemos hacer es olvidar, el mismo muñeco que se quejaba la semana pasada del translúcido licor, esta este mismo sábado levantado su copa y proclamando el más ilustre de los lemas: pa arriba, pa abajo, ¡¡¡pal entro y pa dentro!!!



Kaboom por Tatiana Ocampo Puerta (Colombia)



Kaboom

Renuncio al aire libre y al oxígeno,
Y me sumerjo en laberintos fantásticos,
Donde empolvados los lomos de estos libros apilados en recovecos misteriosos,
Me invitan.
Salta la tinta y nos cae encima lluvia negra de historias,
Vuelan Rocinante y Pegaso por igual.
Sentada mientras escucho o divago,
Miro este firmamento de letras titilantes con destellos de suspenso,
Hurguemos las antiguas lenguas,
Descubramos los descubrimientos,
Que nos alucine la poesía,
Y conspiremos…
Hablemos de las cuitas del alma y del país,
Imaginemos la bondad,
Invoquemos la justicia,
Derroquemos a los tiranos,
Repartamos el oro de nuevo,
Conspiremos para acabar con el desacato contra la naturaleza,
Y sigamos pensando en darles el espacio a los animales y plantas,
De seres con derechos a este planeta deshumano y desalmado,
Livianos de vino, conspiremos contra la mojigatería y la esquizofrenia moral,
Conspiremos para frenar la frenética carrera hacia el éxito,
Y abracemos al fracaso como el viejo amigo que es,
De entre todos los amados difuntos aquí presentes,
Aprovechemos el concervezatorio para prometernos,
Unirnos en paz al otro mundo con la cara tranquila a la muerte,
Que la vida no es antagónica de la muerte sino una enamorada femme fatal,

Conspiremos
Entre la tempestad de los amores,
Por la tortura sádica o la feliz ilusión
Y todo aquello que quepa en la mitad.
¡Salud!

domingo, 10 de marzo de 2019

Un Corrido para Amparo por Alfredo Moreno (México)




El silencio enmudece, desde el centro de la tierra, de lo más profundo, una voz, un bravo corrido resuena...una soldadera dispara pasión en notas, las balas despiertan vital aliento y de su mano se inicia el canto del pueblo, del indio, negro y mestizo; obrero y campesino.

Una maestra abre el aula, su enseñanza de la vida, por libro el himno... corrido que narra y ampara lucha en contra del hermano afrenta.

La lección se difunde por el campo y la zona fabril. Por la selva y asfalto se esparce el trino, amor cultivado para cosechar la mirada, a un verde horizonte.

Adelita, ya no sostienes al hombro canana, ni asida llevas a la mano tu 30-30...hoy en canción es la batalla, el fusil no dispara físicas balas... lanza misiles certeros en voz de mil sones...al corazón penetran...para darle el Amparo de lo justo y lo digno.

En nocturna velada, para curar heridas, las enaguas por venda en tequila mojadas, las caricias que de una guitarra emanan, una voz que narra y al alma, un mejor mañana promete.

Amparo en un corrido, con hechos cantado.
Amparo en tu mirada, que revela para denunciar.
Amparo en tus labios, de ellos el beso...tu grito en protesta.
Amparo en la estela que deja tu caminar.
Amparo, Amparo... por siempre AMPARO.

Esquinas recorridas Por Mayra Sorondo

“Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar,
Con el tumbao’ que tienen los guapos al caminar,
Las manos siempre en los bolsillos de su gabán,
Pa que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal”
-Pedro Navaja ~Rubén Blades

Una esquina es direccional, nos indica los cuatro puntos cardinales, nos puede llevar por cuatro caminos. Si te pierdes y le preguntas a alguien como llegar a algún lugar, podrían muy bien contestarte algo así como: allí en la esquina que tiene el palo de mangó, doble a la derecha. Las esquinas podrían marcar puntos finales, o dar pie a un puente que nos lleve al otro lado. Desde una esquina se puede divisar una loma, un llano o un risco.

En las esquinas existen letreros de señalización como: los pares, ceda el paso, semáforo, cruce de peatones, ¡cuidado cruce de ganado o del venao! En una esquina podemos encontrar un puesto de flores, de frutas, vegetales, quioscos de periódicos y revistas, al billetero que nos vende los números de la suerte.

En las esquinas se pueden comprar piraguas de frambuesa, de coco o tamarindo -que antes costaban una peseta, ahora un peso. En las esquinas, usualmente encontramos zafacones para tirar la basura. En muchas esquinas colocan los buzones a donde llegaban antes las cartas de amor escritas en puño y letra.  Hoy, nos llega solo propaganda y cuentas por cobrar.

Es raro que en una esquina no exista una parada de guagua o metro. En las esquinas nos puede recoger un taxi, un Uber, el jevo, la jeva. Las esquinas son los puestos por excelencia de las putas de la calle, más no de las “escorts”, las esquinas las prefieren los vendedores de drogas, y también los que hacen guardia para avistar a la policía gritando: ¡A jullir, que por ahí viene la jara! Las esquinas sirven para el ocio de los vagos, pero además para los jornaleros en su búsqueda del pan de cada día.

En las metrópolis como Nueva York, las calles colindan con las avenidas, en las esquinas de las avenidas se siente más el frio que en las esquinas de las calles porque llevan el frio del Rio Hudson y del Rio del Este.  En la esquina de Broadway y Canal se podían ver las Torres Gemelas para marcarnos el sur de la ciudad -antes de su derrumbe. En la esquina del Callejón en El Viejo San Juan- se juega dominó, se improvisa un bembé a fuerza de bomba y plena, y desde esa misma esquina podemos ver el mar.

Las esquinas pueden ser jactanciosas puesto que no sufren del encierro de otras calles, y como gozan de espacios más amplios, se les infla el ego y el valor de sus bienes raíces.

¡Ay! si las esquinas hablaran.

¡En fin, una esquina tiene infinitas posibilidades y múltiples usos!

¿Qué tú crees? ¿Te veo en la esquina?

¡La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay dios!

viernes, 25 de enero de 2019

Algunas esquinas de Santiago - Elizabeth Calvo



De Stgo de Cuba que podría yo contarles?
Yo solo nací allí hace unos 50 años, y ese pedacito de mundo que conocí me lleva más de 450 de ventaja. Stgo de Cuba fue una de las 1ras 7 villas fundadas por los conquistadores españoles, en su paso hacia el oeste. Wikipedia dice que fue Diego Velázquez en 1515, y la mayoría de los libros cuentan su historia a partir de ahí, en fin, Lo que les contare es poco y muy mío, de las memorias de mi niñez y un poco de ese mundo ideal de algunas esquinas, de esos recuerdos que se recrean y pintan de arcoíris cuando las alas te han llevado lejos.

Camine mucho sus calles estrechas, algunas casi sin aceras, loma arriba y loma abajo, aun hoy unas pocas adoquinadas, con marcas de tranvías, con esquinas que tenían pintadas viejas propagandas de Coca Cola, Mejoral, Bayer y otros productos que ya no existían. Las cuadras de mi Stgo en general son simétricas, de 100mts de largo y ancho. Las casas de mi barrio están pegadas una al lado de la otra, en algún tiempo estuvieron pintadas de colores vibrantes, fachadas estrechas, puertas altas, ventanales con balconcitos aunque estén en planta baja, enrejados y persianas. La mayoría de las casas tenían claraboyas (tragaluces o vitrales). Debido a la irregularidad geomorfológica de la zona, muchas callejuelas se construyeron en forma escalonada, siendo la más famosa la Escalinata de Padre Pico, en el barrio El Tivoli, con 52 escalones en 13 bloques de 4 peldaños c/u.

Desde la esquina de Corona y San Basilio divise la bahía cada vez que cruce por allí. La bahía allá azulita y tranquila, vigilada y protegida por el Castillo de El Morro. Y ese pedacito de terruño en el centro, “El Cayo”. Y atrás de fondo las lomas de la Sierra Maestra.
Yo nací y crecí en la calle Vargas, casa#5, cerca de la esquina con el paseo Martí, a 3 cuadras del crucero del tren, histórica esquina donde hubo una librería por muchos años.
Vargas, la calle debe su nombre a un brigadier español, q fue gobernador en 1850-1855. Los Hoyos, como se conoce actualmente este barrio, es famoso por su conga, sus negros arrollando a paso pegado al suelo, sudando unos encima de otros, cuando los cueros de los Congos y la trompeta china lo anuncian a fin Junio y durante los carnavales. En Casa’e “La China” una negra voluptuosa y de ojos rasgados, yerbatera y espiritista famosa, muy cerca de la esquina de Marti y Moncada, a 8 cuadras de donde yo vivía, se compraban las mejores yerbas y flores frescas pa despojos, cualquier tipo de accesorio pa brujerías y otros rituales de santería o de paleros. También se vendían raíces pa preparar el famoso Pru-oriental, una bebida deliciosa. En mi niñez era un barrio limpio, que tenía una costumbre peculiar: muy temprano en las mañanas antes de que saliera la 1ra persona de la casa, se lanzaba de la puerta pa’fuera un cubo de agua previamente serenada. La razón era pa refrescar la entrada del que llegara y limpiar el camino del que salía. Esto se hacía creo q solo en Oriente, y en otros lados solo por santiagueros. Mi abuela lo hacía religiosamente y de esa agua serenada a veces nos santiguaba. Con eso ella lo curaba todo. Hoy ya no es así, casi nunca hay agua y cuando hay, muchos ni recuerdan la tradición.

Recuerdo una tarde, Yo tendría como 7 años, Sali a la puerta de mi casa, recién bañadita, peinadita en mi batica de algodón azul, planchadita, a mi rostro llego una brisa distinta, sentí por primera vez el aliento etílico de mi ciudad, un aroma profundo, almizclado, dulzón y amistoso que me gusto de una. Aquello se grabó en mi memoria como un bálsamo, un embrujo, o como una caricia. Después mi papa me conto q ese olor se escapaba de las bodegas de la fábrica de ron Bacardí, cada vez q abrían para cargar los camiones q transportaban las cajas de ron. La fábrica hoy renombrada “Ron Santiago”, queda a 5 cuadras. Por eso cuando me sirvo un trago de añejo, me dejo seducir con su aroma, luego me regalo unos instantes para saborearlo, poso mis labios en el borde del vaso, solo para humedecerlos, entonces “el” roza mi lengua y en lento compas me penetra su sabor ardiente, q pasa por mi garganta como un fuego necesario y yo, bueno Yo me transporto…y vuelvo a ser esa niña de moños trenzados y batica planchada frente a la puerta en mi barrio.

Otra cosa que yo he notado es que los negros más bien parecidos y sexys de este mundo los he visto, y tocado allá. Los puedes reconocer, los negros de Stgo somos esa mezcla indefinida, con labios carnosos y nariz perfilada, abundante cabellera, pechos lampiños y buena dotación de músculos, y zalamería, mucho sex-appeal tanto en hembras como en machos. Esa interminable mixtura de pirata francés con criolla hija de españoles, o de haitiano con india siboney, o de jamaiquino con blanca dama, o de chino con negra africana, o todo eso y más, revueltos genes, que nos han parido una raza de negros, mulatos, trigueños, todos apetitosos, tersos, bronceados, musicales, libertinos, y además, pretensiosos. Y q decir del “Jabao”, eso no se conoce en otro país de habla hispana.

La bodega de la esquina era del chinito Joa, recuerdo que tenía un mostrador de madera y unos estantes que mayormente lo que mostraban era cajas de cigarros, cajas de fósforos, unas pesas antiguas, y a pesar de no haber mucha mercancía, había un olor bonito, a granos secos, a galletas de sal, a tabaco y a vino seco para cocinar. El chino era un ser diminuto, flacuchento y con espejuelos de fondo de botella. Machacaba el español pero le encantaba jugar domino en la esquina todas la noches con un grupo de hombres escandalosos y echadores de bromas. Él vivía ahí mismo con su hija una chinita criolla, y su nieta, hija de esta con un militar. La hija de Joa se fue por el Mariel en el 80. El pobre hombre dejo de mascullar lo poco que sabía de español y se encerró en su mundo y en su casita sencilla, en la parte de atrás de la bodega hasta que murió.  Esa esquina fue reconstruida, porque en una temporada de huracanes la bodega se desplomo. Lo que hicieron fue una carnicería, donde casi nunca hay carne, y cuando toca es por dieta de enfermedad, o por ser mayor de 65.

El paseo de Martí, ave. importante, de 2 vías en ambos sentidos, y un parque interior, ostentaba frondosas matas de majagua a ambos lados. Con frecuencia Yo recogía algunas flores cuando caían, amarillas, rojo vino, anaranjadas, y q tenían una textura q a mí me gustaba al tacto, algo así aterciopelada y esponjosa. También las usaban para preparar champú o suavizante. Dicen q eran buenas pa mantener el color oscuro del pelo, y otros remedios medicinales, pero yo nunca las usé. Dicen que Sandy el huracán que paso en 2012 arraso con muchas, sacándolas de raíz, y las q quedaron fueron removidas por temor a q se cayeran, pero hasta la fecha no han sido reemplazadas con otras. Eran robustos ornamentos que protegían a mi gente del Sol, que allí en Sgto. tiende a ser más caliente.

Les puedo contar también de aquellos festines cuando 2 o 3 jóvenes y no tanto se trepaban a los vagones cargados de ganado vacuno que iban rumbo al matadero, y en esa misma equina de Cristina y Marti, se las arreglaban pa soltar a 3 o 4 de aquellos infelices y flacuchentos sentenciados. Estos pobres animales tenían unas horas de relajo, creyendo q habían escapado a la muerte que les era inminente y q por instinto habrían olfateado. La cosa era pasar un buen rato correteando delante o detrás de aquellas bestias que despavoridas salían en todas direcciones. Mi abuela maldecía, mi papa, a veces participaba en aquellas juergas, mi hermano tambien. Yo solo miraba por la ventana, y me reía muchísimo o me asustaba que alguien pudiera salir lastimado. Siempre salía de su casa alguien desprevenido y se encontraba en medio del correteo. Un San Fermín criollo ¡Tremendo! Hasta que llegaba la policía y algunos ayudantes a recuperar los activos del Estado: la carne.  

Otro día les cuento de la mata de Flamboyán del solar de la esquina en Santa Isabel, en esa misma esquina me pinte de rojo los labios por 1ra vez antes de los 15 años, o de la esquina del “Gallito”, donde me reencontré a un amor después de 10 años de distancia, o de la esquina de San German y Corona, donde había un parquecito en el que cada día se peleaban a piñazos los muchachos de mi escuela primaria al salir. Y podría contar también de la playa Buey Cabon, de los viajes en tren a La Habana, o los domingos en El Caney de las Mercedes, o  de cuando vivimos en casa de tío Cesar en carretera de Mar Verde.

Si, soy de Oriente, concebida, nacida y criada en Stgo, y aunque solo una mín. parte de mi vida transcurrió allí, me siento Oriental, guajira, dondequiera que me presento lo aclaro: “Soy de la loma y bailo guaguancó en casi cualquier lado”.